IDC… ¿Un juego divertido o un cambio de paradigma en nuestra forma de vida?

Todos aquellos que han jugado el juego de dados IDC (Izquierda, Derecha, Centro) conocen las reglas del juego. El juego incluye distintas fichas las cuales al juntarse, ayudan a determinar un sólo ganador. Se pueden usar fichas de poker, billetes de dinero real en distintos incrementos o algo tan básico como frijolitos. No importa cual sea la ficha en elección, al final del juego, un sólo ganador se lleva todas las fichas.


Uno se debe preguntar si el o la creadora de este juego, desarrollado a principios de los años ochentas, era en realidad un profeta, creando un juego que hoy en día se tomaría con mucha seriedad y neurosis por parte de muchos de nosotros.


Aquellos jugadores en “la izquierda” juegan creyendo que su forma de vivir es “la manera correcta” y todos deben adoptar su manera. Aquellos en “la derecha”, comparten la misma pasión de la izquierda, pero creen que sus creencias son las correctas para el “bien de la sociedad” y así mismo, todos deben de adoptar estas creencias. La gran mayoría de los jugadores se encuentran en “el centro”, quienes adoptan un camino más individualista en la forma de tomar decisiones y son fácilmente opacados por aquellos en la izquierda y en la derecha.


Cuando los padres fundadores redactaron La Constitución, las primeras tres palabras que se escribieron fueron “Nosotros el pueblo”. Estas palabras confirman que nuestro gobierno, el gobierno de los Estados Unidos, existe para el servicio de sus ciudadanos. El enfoque cae en “ciudadanos” como plural, no como singular. ¿Cómo fue que “nosotros el pueblo” se transformó en “yo”?


Quizás sería importante que como nación, unidos y de manera intencionada, nos diéramos el tiempo de releer el Preámbulo de nuestra Constitución. Como ejemplo, el texto que se presenta a continuación.


“Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, con el fin de formar una Unión más perfecta, establecer la Justicia, asegurar la Tranquilidad doméstica, proveer la Defensa Común, promover el Bienestar general y asegurar la Bendición de la Libertad para nosotros y nuestra Posteridad, ordenamos y establecemos ésta Constitución para los Estados Unidos de América”.


Siendo el autor de este artículo, les presento mi interpretación del párrafo anterior.

Al ser parte de una sociedad y de un “nosotros” colectivo, también mi “yo” individual tiene el derecho a tener creencias personales las cuales incluyen un énfasis en el preámbulo de las palabras “NOSOTROS el pueblo,” “una unión más perfecta”, el “establecer justicia”, “asegurar la tranquilidad”, “la defensa común”, “la Prosperidad” y finalmente “asegurar la bendición de la libertad entre nosotros.”



Verborrea simple, pero que rotundamente estructura que la vida, la libertad y la felicidad de NUESTRO país, los Estados Unidos de América, es para cada uno de nosotros, y que nuestras opiniones, estilo de vida y derecho a decidir por nosotros mismos, no deben de ser impuestos por otros. Así como, no debemos de ser penados por la ley por no adoptar las creencias de nuestro prójimo y sobre todo, no debemos de negar a los demás el derecho a la justicia individual, la tranquilidad y la defensa común.


Nosotros como personas y como pueblo, debemos de respetarnos los unos a los otros. Debemos asegurar que toda persona reciba las Bendiciones de la Libertad, y retomar un entendimiento común, el cual afirme que nuestras decisiones están basadas en creencias individuales y estilos de vida personales. No debe importar si uno elige ganarse la vida como trabajador de la construcción, quien se esfuerza cada día trabajando bajo un calor extremo o inviernos fríos para mantener a su familia. O como un individuo en búsqueda de su identidad personal. Al final de cada día, usted tiene el derecho a sus propias creencias y “nosotros”, el resto del pueblo, tenemos el derecho a las nuestras. Como decía mi madre “deja de forzar tus opiniones y creencias en el estilo de vida de los demás. Cada quien camina su propio camino”.



Mi madre tenía un buen punto. No necesitamos que nuestros legisladores establezcan leyes que nos digan cómo trabajar, cómo decidir por nosotros mismos, cómo debemos de hablar y a quién debemos de amar. Para todos aquellos en la “la derecha” y el “la izquierda”, por favor sean respetuosos de cada uno de nosotros. Mi madre era una mujer sabia, ella decía: “Cuando dejemos a un lado el enojo y nos enfoquemos a trabajar de manera unida por una meta común, es cuando llegaremos más lejos”.